El propósito de la educación, según entiendo al leer esta última parte, es transformarnos o formarnos de acuerdo con nuestra naturaleza humana. Desde la perspectiva del Humanismo, la educación busca que nos convirtamos en personas sabias, cultivadas y virtuosas, de tal manera que nuestra vida misma sea una obra de arte. Por lo tanto, para mí, el objetivo final de la educación es alcanzar la virtud. Es crucial, entonces, comprender qué significa la virtud.
Dentro del Humanismo italiano, donde se valora mucho la Antigüedad y su grandeza, en una sociedad sofisticada, algunos pensadores también consideraban la fama como un indicador clave de una buena educación.
Por eso, para mí, la virtud es la verdadera recompensa del esfuerzo humano. Se trata de vivir una vida honesta que nos trae una profunda felicidad interior que nada puede alterar. Además, quien posee virtud es amado y respetado por su comunidad, y alcanza honor para sí mismo y para su familia. Reconozco que la fortuna puede traer algo similar, pero es inestable y depende del azar. En cambio, la virtud nos lleva a una fama duradera, forjada por nuestra propia perfección personal.


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